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Filosofías de vida

Filosofías de vida

A base de toparme con mucha gente que actúa de manera parecida alegando siempre las mismas frases hechas, he llegado a la conclusión de que hay tres formas de pasar por esta vida. Tres filosofías de vida.

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1) “Soy el dueño de mi vida y puedo hacer con ella lo que quiera. Cegados por el “Carpe Diem” más radical alegan sin matices que la vida es para disfrutarla; y, si les hablas de algo que, por no ser materialista, si se parasen a reflexionarlo fuese en contra de estos principios, te acusarán de estar tratando de cambiarles o manipularles.

La clave de la vida es disfrutar y SU libertad es lo más importante; por tanto, también te acusarán de intolerante las veces que tus palabras vayan dirigidas a detenerles cuando estén causando a alguien algún mal. (mal que ellos habían ignorado; bien por despiste porque no lo supieran, o bien por indiferencia porque les importe un bledo).

Conjuntos: a menos b. La libertad de B 'pisa' a la de A

RESUMEN SIMPLISTA: Mi libertad puede perjudicar o hacer mal a otro si repercute en un claro bien o placer para mí.

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2) “Mi libertad termina donde empieza la del otro”. Esta es la filosofía más extendida. Suena bien. Tiene la diferencia fundamental respecto a la anterior de que la gente que vive así su vida sí piensa en los demás. Les tiene en cuenta. El disfrute y libertad de los que hablabamos antes tienen unos límites: el momento en que, lo que hago, interfiere en la libertad y disfrute del otro, debo tener cuidado y no molestarle ni causarle mal al prójimo.

diagrama de venn (a union b quitando la interseccion)

La frase estandarte es “Vive y deja vivir”. Y lo que suelen añadir como explicación es: “Yo vivo mi vida sin hacer daño a nadie. Déjame en paz y vive tu también tu vida sin meterte en la mía”. “Mira toda esa gente que hace el mal activamente. Si nadie hiciera nada malo a los demás, todo iría mucho mejor”.

RESUMEN SIMPLISTA: No se debe hacer el mal. Pero con eso es suficiente; no hace falta preocuparse por los demás. Basta con no dañarles.

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3) “Mi libertad y la del otro pueden y deben fundirse”. “Mi vida será mejor y habrá en ella más felicidad conforme consiga hacer felices a los demás”. conjuntos - todos interactuan en la vida de todos

La máxima de alguien con esta filosofía de vida puede ser, de hecho, bastante parecida a la del primer grupo: “Ama y HAZ LO QUE QUIERAS. El punto clave de esta frase es que puedes hacer lo que quieras si lo haces con amor (cuidandote siempre de que tu amor sea verdadero); porque “si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor “. [San Agustín]

A pesar de las críticas que puedas recibir (sobre todo de personas de las filosofías 1 y 2), si de corazón (y habiendo filtrado tu pensamiento por la razón) crees que tu obrar es lo correcto, adelante. No tengas miedo. Cuando te falten las fuerzas, recuerda de nuevo aquello de: […] donde haya odio, ponga yo amor; donde haya discordia, armonía; donde haya error, verdad; donde desesperación, esperanza […]

RESUMEN SIMPLISTA: No se debe hacer el mal (en eso estamos de acuerdo), pero no basta con “no dañar activamente a los demás”; mediante la omisión de ayuda en los momentos en que podíamos haber cambiado el mundo (‘el mundo’ de alguien con un gesto), también estamos contribuyendo a que el mal reine en este mundo. Hay que mojarse. Como dijo Einstein, “lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada”.

¿Por qué Dios permite el mal?

¿Por qué Dios permite el mal?

La respuesta que espera oir quien hace esta pregunta estando triste o furioso con Él tras un suceso desagradable es que, si ha pasado esto así, sólo puede ser porque, si existe, no es tan bueno ni le importa nuestro sufrimiento o, si no, sencillamente no existe.

Con esta entrada no quiero probar la existencia de Dios; sino razonar con lógica que las catástrofes naturales, las atrocidades humanas y las enfermedades no pueden ser prueba de que Dios sea malo o que no exista.
Es perfectamente compatible su existencia y bondad con su no-intromisión.

El don más valioso que tiene la persona (a parte de la vida en sí) es el libre albedrío; la libertad para escoger sus actos; para escoger hacer el bien o hacer el mal.

Cuando preguntamos indignados por qué Dios ha permitido un determinado suceso suele ser porque desearíamos que no hubiera ocurrido; pero…
¿qué hubieras hecho tú de estar en Su lugar?

Si estás pensando desde ya en responder “Evitar, con mi omnipotencia, que ocurra, por supuesto”, quizás deberías meditarlo un poco más y responder de nuevo después de leer esto:

Pongamos que eres Dios: igual que un padre que deja marchar a sus hijos para que vivan su propia vida y cometan sus propios errores, regalaste a los hombres su libertad para que pudieran VIVIR por sí mismos. Precisamente porque les quieres, les permites vivir sus propias vidas a pesar de dolor que te producen algunas de sus acciones contra los demás, contra sí mismos y contra el mundo que les diste como hogar.

Ahora te pregunto de nuevo:
¿qué harías ahora que eres Dios?
¿Detener las guerras?
¿Cómo?
Cuando un soldado vaya a disparar a otro, ¿qué harías? ¿Encasquillar su arma? ¿Y si después ataca con un cuchillo? ¿Detener físicamente su brazo?
Seríamos marionetas atadas de pies y manos. ¿Dónde estaría nuestra libertad?
Sería como ser personajes de un videojuego. Controlados constantemente.

Algo parecido ocurre con las enfermedades y las catástrofes naturales:
Vivimos en un mundo gobernado por leyes físicas y de causa-consecuencia. Vienen con el mismo ‘pack’ que el aire y la temperatura que permitió el surgimiento de la vida y que nos permite ahora vivirla. 😉
No podemos pretender que Dios cure todas las enfermedades o que evite toda muerte en un terremoto o acto terrorista.

Las enfermedades y su evolución dependen de infinidad de factores biológicos (genética, hábitos alimenticios, actividades realizadas causantes del contagio o infección…); los atentados y asesinatos son, tristemente, también muestra de la libertad del hombre; y los terremotos, volcanes y demás, forman parte de los procesos geológicos del planeta…: no se pueden detener sin más sin alterar el perfecto equilibrio reinante en la Tierra.

Así que a la pregunta de “¿Por qué Dios permite el mal?”, creo tener la respuesta:
porque si no lo permitiese, ¿dónde quedaría nuestra libertad?

Si prohibimos toda maldad, cuando dos hermanos fueran a insultarse, las palabras se silenciarían en sus bocas; cuando un hombre tomase tanta droga como para morir por sobredosis, esta no tendría ningún efecto; y cuando una mujer robase tanto dinero como para pagar la operación que salvaría la vida de su hijo… ¡vaya! ¿qué haríamos que suceda entonces? ¿la detenemos para evitar el mal al legítimo propietario? ¿sanamos sin más a su hijo para evitarla llegar a esa situación?, para no ser injustos con quienes también están sufriendo enfermedades similares, ¿los sanamos a todos?

Supongo que ves por donde voy.. Una vez que te inmiscuyes y “haces trampas“, aún cuando lo hagas para hacer bien a alguien, estás, sea por injusticia para otros o, directamente, por consecuencia directa o indirecta de tu acción, haciendo a la vez, mal.

Además, no sabemos lo que nos depara el futuro. Como decían en TimeCop, “<< Por mucho que deseemos que esos horribles sucesos no hubieran ocurrido, el hecho es que ocurrieron. Y hoy somos lo que somos, gracias a ellos. Nuestra ira, nuestra compasión, nuestra conciencia, nuestros conocimientos. Si alterasemos la historia para impedir que ocurrieran, cambiaría todo: Lo malo Y LO BUENO. >>“.
A lo mejor las cosas no pasan por casualidad.

Cuando creas que todo va mal y te ves atrapado en un cuarto oscuro y sin salida, piensa que cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana. (¿qué pasa?–> que la ventana a veces está muy alta y pasas tiempo hasta conseguir alcanzarla y salir de esa oscuridad).