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Dame alguien para amar

Dame alguien para amar

Como digo siempre, si hay alguien que prefiere quitar la primera palabra y llamar a esto, “reflexión” en vez de “oración” para que su corazón se conmueva y él/ella se mueva. ¡adelante!
(si hablamos de amor, hablamos de lo mismo)

Señor…,

Cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida.

Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua.

Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.

Cuando sufra, dame alguien que necesite consuelo.

Cuando ‘mi cruz’ parezca pesada, déjame compartir ‘la cruz’ de otro.

Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.

Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise alguno de mis minutos.

Cuando sufra humillación, dame ocasión para eleogiar a alguien.

Cuando esté desanimada, dame alguien para darle nuevos ánimos.

Cuando quiera  que los otros me comprendan, dame alguien que necesite mi comprensión.

Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender.

Cuando piense en mí misma, vuelve mi atención hacia otra persona.

Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos, dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, sino también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.

(Madre Teresa de Calcuta).


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Y esta mini-oración acompañaba a la de arriba donde la encontré. Es como un corolario donde nos advierte de caer en el orgullo de pensar “¡qué bueno soy!” y juzgarles: “los demás no hacen esto que yo hago; ¡qué malvados y egoistas!“.

A las obras buenas pueden venirles de la mano la alabanza y el homenaje. Dame, Señor, equilibrio para distinguir el brillo de la virtud, del barniz de la soberbia; el oro de la obra, de la bisutería del aplauso; el perfume de las buenas obras, del humo de la adulación. Amén.

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Si lo reflexionais/orais con calma, vereis que resulta que es totalmente cierto:

¿cuántas veces no os habeis serenado ante un problema cuando hay alguién más nervioso o con más miedo?

¿cuántas veces no os ha pasado el ver cómo una persona habitualmente pesimista busca ‘lados buenos‘ y optimistas para animar a alguien que lo está pasando mal en ese momento?

¿o creernos desgraciados y ser, cuando vemos con asombro la actitud de gente con problemas más gordos, cuando se nos abren los ojos?

Donde haya odio ponga yo amor

Donde haya odio ponga yo amor

Una oración no es una especie de poesía que se lee y su contenido ‘suena’ bonito o profundo. Es mucho más: de cada frase, meditandola despacio, obtendrás la voluntad y fortaleza que tantas veces faltan…

Gandhi decía: La plegaria no es un entretenimiento ocioso para alguna anciana. Entendida y aplicada adecuadamente, es el instrumento más potente para la acción.”

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Sea uno creyente o no, de esta oración que comparto aquí  a continuación podemos aprender mucho todos

Si nos esforzamos por recordarla a menudo, conseguiremos distinguir en el momento necesario las situaciones en que, ‘mojándonos’, nuestros actos pueden hacer que el mundo cambie a mejor (*).

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Señor, hazme instrumento de tu paz.
Que donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, perdón;
donde haya discordia, armonía;
donde haya error, verdad;
donde haya duda, fe;
donde desesperación, esperanza;
donde haya tinieblas, ponga yo luz.
y donde haya tristeza, alegría.

Oh Señor,
que no me empeñe tanto en ser consolado, como en consolar,

en ser comprendido, como en comprender,

en ser amado, como en amar
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Porque dando (y dándoSE), se recibe
(la recompensa es mucho mayor que el ‘sacrificio’),

olvidándose de sí mismo (Ego, etc.) uno se encuentra a sí mismo (tu YO más auténtico, no la máscara/armadura que te has acabado creando),
perdonando se es perdonado (el perdon no es algo que el que perdona, desde más arriba del perdonado, conceda porque es “bueno” o “generoso”: hay que perdonar de igual a igual desde el amor humilde)
y muriendo a sí mismo (lo de “olvidarse de uno mismo” pero ‘a tope’) se resucita a la vida eterna.

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(*)= Tal vez el mundo (o nuestro ‘mundo’ cercano) sólamente cambie a mejor ‘una pizca’… Tal vez aparentemente no haya cambiado nada… O puede que simplemente nosotros no veamos esos ‘cambios’. Aún así, ante las tinieblas, deja que brille tu luz; pues los actos de amor NUNCA dejan indiferentes. Nunca caen en el olvido: se puede acabar olvidando el acto en sí, pero no el sentimiento que generó al verlo. Cada grano de arena cuenta.